EL TIEMPO EN ESTEPA

EL TIEMPO: PREVISIÓN METEOROLÓGICA PARA ESTEPA

domingo, 8 de mayo de 2011

RELATOS DEL BANDOLERISMO ANDALUZ

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El capítulo anterior sobre el indulto de los principales bandoleros andaluces, terminaba así…
De aquellos bandoleros indultados, los que quisieron se alistaron a una fuerza armada o Cuerpo Montado de Vigilancia y Seguridad comandado por el estepeño Juan Caballero, para perseguir y apresar a los demás compañeros bandidos rebeldes que no quisieron acogerse al indulto.
Dicha fuerza se llamaría, Escuadrón Franco de Protección y Seguridad Pública de Andalucía.
Pero de esto, así como de la muerte de José María el Tempranillo, tratará el próximo capítulo de esta historia del bandolerismo andaluz.
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SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE
***
HISTORIA QUE TRATA DE LA MUERTE
DEL BANDOLERO
JOSÉ MARÍA PELAGIO HINOJOSA COBACHO:
“JOSÉ MARÍA EL TEMPRANILLO”
...

Como se había dicho en el capítulo anterior, los bandoleros indultados acordaron reunirse el día 23 de julio de 1833 en la ermita de la Fuensanta, en Corcoya, para desde allí marchar a Estepa, donde en la plaza del Carmen, se dio lectura al Real Decreto por el que recibían el indulto de Fernando VII.
Posiblemente, y viniendo la comitiva por la carretera de Málaga y Granada, debieron entrar en la villa por el pilar del barrio de la Coracha, dejando atrás la ermita y subiendo por la que hoy es la calle Santa Ana, hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento.
Allí, como ya dije, se leyó el indulto y los bandoleros entregaron sus armas y caballos, y terminado el acto que fue muy festejado al son de la banda de música local, cada uno de ellos se fue a su casa con sus mujeres e hijos, una vez que quedaron “saldadas sus cuentas” con la Justicia, merced al mencionado perdón.
A estos hombres que antes estaban fuera de la ley, les fue propuesto entrar a formar parte de una especie de patrulla montada, cuyo nombre era: Escuadrón Franco de Protección y Seguridad Pública de Andalucía, que se encargaría de apresar y llevar ante la justicia a aquellos que no quisieron acogerse al Decreto de Indulto.
Antes de haber transcurrido un mes de haber sido perdonados sus delitos, el día 15 de agosto, fiesta de la Patrona en Estepa, se hallaba Juan Caballero Pérez con su esposa María Brígida Fernández-Pascual Labrado, con la que se había casado el 21 de julio de 1827 en la iglesia de Santa María la Mayor, de Estepa.
Estaban ambos viendo la procesión de la Virgen de la Asunción, cuando fue avisado que debía presentarse en el Ayuntamiento para informarlo de la creación de ese cuerpo que perseguiría a los bandoleros rebeldes.
Dicho escuadrón estaría formado por setenta hombres montados y uniformados con la misma ropa de la Remonta de Caballería del Ejército, con la sola diferencia de llevar los vivos del uniforme y la escarapela de color blanco. Estaría dotado de un estandarte con honores de Ordenanza.
Dicho escuadrón estaría bajo las órdenes de un Comandante cuya paga sería de veinticuatro mil reales, y un segundo Comandante con sueldo de dieciocho mil.
El Capitán General de Sevilla, en sus órdenes enviadas a Estepa, nombraba a Juan Caballero como primer Comandante, y este, tuvo que ponerse a trabajar de prisa para organizar la fuerza montada que debía mandar, eligiendo a su gran amigo y compañero de antiguas aventuras, el estepeño Luís Borrego, que sería quien ostentaría el grado de segundo Comandante.
En los dos o tres días siguientes, reclutaron a unos cuarenta hombres bravos, compañeros de las antiguas partidas. El día veinticinco de agosto, ya tenían dispuestos el Estandarte que llevaría su atípica tropa y los flamantes uniformes que los distinguiría como fuerza de la ley y el orden, que fueron bendecidos por el Vicario de Estepa.
Y una vez estuvo todo dispuesto, salieron de correría en persecución de bandidos por los caminos, campos y serranías de estas tierras andaluzas, causando asombro a los habitantes de los pueblos y cortijos por donde pasaban, que antes los habían visto huir cabalgando siempre delante de las balas de militares y migueletes, y ahora, la gente se admiraba de verlos alojados en los cuarteles por donde iban, y uniformados como tropa.
Paro Juan caballero, tan sólo pudo estar dos meses y medio comandando el Escuadrón Franco de Protección y Seguridad Pública de Andalucía, porque en septiembre, ya le era imposible cabalgar a causa de una bala que tenía alojada en el pie derecho, que en su día no pudo ser extraída. El dolor era muy intenso y montar a caballo le producía una gran hinchazón, impidiéndole calzar la bota en ese pie.
 José María "El Tempranillo"
retratado por John Frederick Lewis, Pintor inglés
Y fue entonces, cuando pidió a su compañero y compadre, José María Hinojosa “El Tempranillo”, que se hiciera cargo de la comandancia del Escuadrón, una vez obtenido del Capitán General de Sevilla, el permiso reglamentario.
El segundo comandante, Luís Borrego, también abandonó el cargo, y se fue a residir a Banamejí, (Córdoba), donde al poco de llegar fue nombrado segundo alcalde de aquél Ayuntamiento.
Por su parte, Juan Caballero marchó a la ciudad de Sevilla para que le fuera curado el pie derecho.
Unos meses después de tomar José María el Tempranillo posesión del mando del Escuadrón, fue avisado de que en la conducción de unos presos que iban desde la cárcel de Córdoba al presidio de Alhucemas, se habían fugado dichos cautivos, y habían dado muerte a los soldados que los custodiaban.
El fatídico destino del Tempranillo se estaba escribiendo, y al amanecer del día 22 de septiembre de 1833, salió José María al frente de su Escuadrón en persecución de los fugados, que se hallaban escondidos por los montes cercanos al pueblo de La Alameda, (Málaga).
El ver los escapados el Escuadrón que los perseguía, se atrincheraron en los riscos y peñascos, y el propio José María, confiado de su fama y creyendo que con ello sería suficiente para detenerlos, desmontó de su caballo y sin sacar la pistola se dirigió a ellos conminándolos a entregarse, diciéndoles:

- “Entregarse muchachos, que yo soy José María el Tempranillo”.

Patio de la iglesia de La Alameda,
que fue antiguo cementerio.
Allí se ha construido una tumba
para recordar el lugar donde
el bandolero recibió sepultura


Los malhechores fugitivos no hicieron caso alguno a sus palabras, y al acercarse el comandante del Escuadrón, un bandido joven al que llamaban “El Barberillo”, le disparó –según palabras de Juan Caballero en sus Memorias-, traspasándole el pecho e hiriéndolo de gravedad.
José María fue llevado por sus compañeros al cercano pueblo de La Alameda, donde pudo hacer testamento legando sus bienes a su único hijo, que al parecer vivía en Ronda con su abuela.

Al día siguiente murió a la edad de veintiocho años, y el 24 de septiembre de 1833, fue enterrado en el cementerio que había entonces al lado de la iglesia de dicho pueblo malagueño.
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